La implementación de los Objetivos Internacionales de Seguridad del Paciente (OISP) propuestos por la Joint Commission International (JCI) constituye uno de los pilares transversales en los procesos de acreditación hospitalaria en Latinoamérica. Estos objetivos identificación correcta del paciente, comunicación efectiva, seguridad en medicamentos de alto riesgo, cirugía segura, reducción de infecciones asociadas a la atención de salud y prevención de caídas representan estándares mínimos orientados a disminuir eventos adversos prevenibles.
En el contexto ecuatoriano, la aplicación de los OISP es heterogénea. En instituciones privadas de segundo y tercer nivel se observan avances estructurados, con protocolos definidos, listas de verificación quirúrgica y sistemas formales de reporte de eventos adversos. Sin embargo, en establecimientos públicos y centros de primer nivel aún persisten brechas relacionadas con cultura de seguridad, sobrecarga asistencial y limitada sistematización de indicadores.
Desde mi experiencia como ecografista en un centro médico de la ciudad de Portoviejo, puedo señalar que los objetivos más fortalecidos son la identificación correcta del paciente y la comunicación de resultados críticos. No obstante, aún existen oportunidades de mejora en la estandarización de la doble verificación antes de procedimientos invasivos guiados por imagen y en la trazabilidad documental. En la práctica diaria, el cumplimiento depende en gran medida del compromiso individual del profesional más que de un sistema institucional robusto, lo que evidencia que la cultura de seguridad todavía está en proceso de consolidación.
De acuerdo con Avedis Donabedian (1988), la calidad en salud debe evaluarse desde la estructura, el proceso y el resultado. Bajo este enfoque, Ecuador ha avanzado en la dimensión estructural (normativa y manuales), pero aún requiere fortalecer la dimensión de proceso, es decir, la aplicación consistente y medible de los protocolos en la práctica clínica cotidiana. La acreditación no debe entenderse como un evento administrativo, sino como una transformación cultural.
Asimismo, la World Health Organization ha enfatizado que los eventos adversos prevenibles siguen siendo una de las principales causas de daño en la atención sanitaria a nivel mundial (WHO, 2019). Esto refuerza la necesidad de que los OISP no se limiten a cumplir requisitos documentales, sino que se integren como eje transversal en cada interacción asistencial.
En síntesis, considero que Ecuador se encuentra en una etapa intermedia de implementación: existe marco normativo y voluntad institucional en ciertos sectores, pero aún es necesario fortalecer auditorías internas, liderazgo clínico y formación continua en seguridad del paciente. La acreditación bajo estándares internacionales como los de la JCI debe asumirse como una herramienta estratégica de mejora continua y no únicamente como un reconocimiento formal.
¿Consideran que en Ecuador la acreditación hospitalaria está generando un cambio real en la cultura de seguridad del paciente o se mantiene principalmente como un requisito administrativo para posicionamiento institucional?
REFERENCIAS
Donabedian, A. (1988). The quality of care: How can it be assessed? JAMA, 260(12), 1743–1748.
Joint Commission International. (2023). International Patient Safety Goals (IPSG). Joint Commission Resources.
World Health Organization. (2019). Patient safety: Global action on patient safety. WHO.