La selección de temas para la creación de de nuevas Guías de Práctica Clínica (GPC) debe basarse, en primer lugar, la enfermedad de la población y su impacto en la salud. Esto implica priorizar aquellas condiciones que presentan alta prevalencia, mortalidad o que generan discapacidad significativa en la población, ya que estas representan un mayor desafío para los sistemas sanitarios. En este sentido, Graham et al. (2006) señalan que la priorización de temas en salud debe considerar la magnitud del problema y su relevancia epidemiológica, con el objetivo de orientar las intervenciones hacia problemas que produzcan un mayor beneficio para la población.
Otro criterio importante es la variabilidad en la práctica clínica y la existencia de brechas entre la evidencia científica y la atención brindada. Cuando existen maneras diferentes en como los profesionales manejan una misma condición, las GPC permiten estandarizar la atención y mejorar la calidad de los servicios de salud. Woolf et al. (1999) destacan que las guías clínicas contribuyen a reducir la variabilidad injustificada en la práctica médica, promoviendo decisiones clínicas basadas en evidencia y favoreciendo mejores resultados para los pacientes.
Asimismo, es fundamental considerar la disponibilidad de evidencia científica sólida y la factibilidad de implementación en el contexto del sistema de salud. Las recomendaciones incluidas en las GPC deben basarse en evidencia de calidad y ser aplicables a la realidad del sistema sanitario. Según Guyatt et al. (2011), el desarrollo de guías clínicas requiere metodologías rigurosas que permitan revisar si la calidad de la evidencia e implementar sugerencias confiables para apoyar la toma de decisiones clínicas.
Bibliografía:
Graham, I. D., Logan, J., Harrison, M. B., Straus, S. E., Tetroe, J., Caswell, W., & Robinson, N. (2006). Perdidos en la traducción del conocimiento: Es hora de un mapa. Journal of Continuing Education in the Health Professions, 26(1), 13–24.
Guyatt, G. H., Oxman, A. D., Vist, G. E., Kunz, R., Falck-Ytter, Y., Alonso-Coello, P., & Schünemann, H. J. (2011). GRADE: Un consenso emergente para clasificar la calidad de la evidencia y la fuerza de las recomendaciones. BMJ, 336(7650), 924–926.
Woolf, S. H., Grol, R., Hutchinson, A., Eccles, M., & Grimshaw, J. (1999). Guías clínicas: beneficios potenciales, limitaciones y riesgos de las guías de práctica clínica. BMJ, 318(7182), 527–530.